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Cómo está cambiando la experiencia del invitado en los eventos

Invitados en una celebración consultan desde el celular invitación, confirmación, ubicación, fotos y detalles del evento.

Cómo está cambiando la experiencia del invitado en los eventos.


Antes, la experiencia de un invitado comenzaba prácticamente al llegar al evento.

Hoy puede empezar días o semanas antes.


Recibe una invitación, confirma asistencia, consulta ubicación, revisa horarios, encuentra información y, en algunos casos, interactúa con distintos servicios antes de poner un pie en el lugar.


La tecnología está ampliando la experiencia del invitado en los eventos.


Pero hay una diferencia importante:

digitalizar más cosas no siempre significa mejorar la experiencia.


Cómo está cambiando la experiencia del invitado en los eventos


Cada vez existen más momentos en los que una persona puede interactuar digitalmente con un evento.


Esos momentos pueden aparecer antes, durante y después de la celebración.


Antes: menos incertidumbre


Antes de asistir, un invitado suele necesitar respuestas sencillas.


¿Dónde es?

¿A qué hora?

¿Cómo llego?

¿Necesito confirmar?

¿Existe estacionamiento?

¿Hay alguna indicación especial?


Cuando esa información es fácil de consultar, la tecnología puede reducir pequeñas fricciones que de otra manera terminan en mensajes, llamadas o dudas de último momento.


Una invitación digital, por ejemplo, puede convertirse en un punto de acceso a mucha más información que la fecha y el lugar.


Durante: información cuando realmente hace falta


Una vez que comienza el evento, las necesidades cambian.


La persona ya no necesita prepararse para asistir. Ahora puede necesitar encontrar algo, consultar información o resolver una situación específica.


Aquí la tecnología puede ser útil cuando aparece de manera sencilla y oportuna.


No se trata de obligar al invitado a interactuar constantemente con una pantalla.

Se trata de que la información esté disponible cuando la necesita y desaparezca cuando deja de ser necesaria.


Después: la experiencia puede continuar


El evento termina, pero algunas interacciones pueden permanecer.


Fotografías.

Agradecimientos.

Contenido compartido.

Información posterior.

Recuerdos o servicios relacionados.


La experiencia digital puede extender algunos puntos de contacto más allá de la celebración sin intentar prolongar artificialmente algo que ya terminó.


Infografía sobre la experiencia del invitado antes, durante y después de un evento mediante distintos puntos de contacto digitales.

Digitalizar no siempre significa mejorar


Agregar tecnología también puede empeorar una experiencia.


Una aplicación que nadie quiere descargar.

Un registro demasiado largo.

Un enlace difícil de encontrar.

Una página lenta.

Información distribuida en demasiados lugares.

Notificaciones innecesarias.


Todas estas situaciones son digitales.

Ninguna garantiza una mejor experiencia.


La tecnología aporta valor cuando elimina fricción, no cuando agrega pasos solamente porque puede hacerlo.

La mejor tecnología puede ser la que casi no se nota


Cuando una experiencia digital está bien diseñada, el invitado no debería tener que pensar demasiado en cómo funciona.


Abre.

Encuentra.

Consulta.

Confirma.

Continúa con su día.


Esa simplicidad puede ser más valiosa que incorporar funciones llamativas que nadie necesita.


Menos pasos, más claridad


Cada interacción adicional exige tiempo y atención.


Por eso, antes de añadir una función conviene preguntarse:

¿Qué problema del invitado estamos resolviendo?


Si la respuesta no es clara, quizá la función tampoco sea necesaria.


En muchos casos, mejorar la experiencia puede consistir simplemente en reducir pasos, organizar mejor la información o hacer más evidente la siguiente acción.


La experiencia digital también compite por atención


Un invitado no asiste a una boda o unos XV años para interactuar con tecnología.

Asiste para convivir, celebrar, conversar y participar en una experiencia presencial.


Eso significa que cualquier herramienta digital compite con algo mucho más importante: el propio evento.


Esto también ayuda a entender por qué formar parte de una audiencia no significa necesariamente prestar atención a todos los estímulos que aparecen dentro de ella.


Por esta razón, una buena experiencia digital debería saber cuándo aparecer y cuándo hacerse a un lado.


La tecnología funciona mejor como apoyo que como protagonista.


La personalización también necesita límites


Con más herramientas digitales también aparecen más posibilidades para adaptar información y experiencias.


Pero personalizar no significa recopilar todo lo posible ni intentar anticipar cada comportamiento.


Una experiencia puede ser relevante sin volverse invasiva.


Por ejemplo, mostrar información relacionada con el momento del evento puede ser útil.

Intentar deducir demasiado sobre una persona a partir de cada interacción puede ser innecesario.


La clave vuelve a estar en el equilibrio entre utilidad, contexto y experiencia.


El invitado también forma parte de una audiencia


Cada invitado vive el evento individualmente, pero al mismo tiempo forma parte de una audiencia más amplia.


Eso crea una situación interesante.


La tecnología puede diseñarse para resolver necesidades personales y, al mismo tiempo, generar puntos de contacto compartidos alrededor del evento.


Una confirmación puede ayudar al anfitrión.

Una ubicación puede ayudar al invitado.

Una galería puede conectar a varias personas.

Una recomendación contextual puede facilitar determinado servicio.


La misma infraestructura digital puede cumplir distintas funciones dependiendo de quién interactúa con ella y en qué momento.


En conjunto, estos puntos pueden formar parte de la capa digital que se construye alrededor del evento.


La experiencia debería ser el criterio principal


La tecnología seguirá incorporándose a los eventos.

Probablemente aparecerán nuevas herramientas, automatizaciones y formas de interacción.


Pero la pregunta útil no es:

¿Qué más podemos digitalizar?


Es:

¿Qué parte de la experiencia podemos hacer más sencilla, clara o útil?


Ese cambio de enfoque importa.


Porque la evolución de la experiencia del invitado no debería medirse por cuánta tecnología tiene un evento.


Debería medirse por qué tan bien esa tecnología acompaña a las personas antes, durante y después de la experiencia presencial.

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