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Qué datos puede generar un evento y para qué sirven

Celebración social con invitados y métricas digitales de confirmaciones, visualizaciones, clics y puntos de contacto.

Qué datos puede generar un evento y para qué sirven


Un evento genera actividad desde mucho antes de que empiece.


Personas que reciben información, confirman asistencia, consultan ubicaciones, abren invitaciones, hacen clic, preguntan, comparten contenido o interactúan con determinados servicios.


Durante años, muchas de esas acciones ocurrían sin dejar prácticamente ningún registro.

La tecnología empieza a cambiar eso.


No porque convierta automáticamente un evento en una fuente de inteligencia, sino porque algunas interacciones pueden empezar a observarse, registrarse y analizarse.


Qué datos puede generar un evento


Los datos disponibles dependen completamente de las herramientas utilizadas.


Un evento sin sistemas digitales puede generar muy poca información medible. En cambio, cuando existen invitaciones digitales, formularios, sistemas de registro, comunicaciones o diferentes puntos de contacto, pueden aparecer señales como:


  • número de invitados confirmados;

  • visualizaciones de una invitación o página;

  • consultas de información;

  • clics en determinados botones;

  • accesos a ubicación o servicios;

  • momentos en los que ocurren las interacciones;

  • respuestas a formularios;

  • uso de determinados puntos de contacto.


No todos estos datos estarán presentes en todos los eventos.

La idea importante es otra:


La actividad alrededor de un evento siempre ha existido. La tecnología puede hacer visible una parte de ella.

De una interacción a un dato observable


Imaginemos que un invitado recibe una invitación y consulta la ubicación del evento.


Sin una herramienta digital, esa acción puede ser completamente invisible.

Con un sistema capaz de registrar la interacción, ahora sabemos que ese punto de contacto fue utilizado.


Eso todavía no nos dice por qué lo hizo, qué pensó o qué hará después.

Pero sí transforma una acción que antes era difícil de observar en una señal medible.


Medir no significa entender automáticamente


Este punto es fundamental.


Si 100 personas abren determinada información, podemos afirmar que se registraron esas aperturas si el sistema realmente las mide.


Pero no deberíamos afirmar automáticamente que 100 personas estuvieron interesadas, que recordaron el contenido o que tenían intención de compra.


El dato observado y la interpretación del dato son cosas diferentes.


Infografía del recorrido digital de un invitado y los datos que puede generar antes y durante un evento.

Esa distinción es especialmente importante cuando se analizan audiencias de eventos.


Los datos también ayudan a entender los puntos de contacto


Un evento puede tener distintos momentos digitales.


La invitación.

La confirmación.

La información previa.

Una comunicación durante el evento.

Contenido posterior.


En conjunto, estos elementos pueden formar parte de la capa digital que se construye alrededor de una experiencia presencial.


Cada uno puede funcionar como un punto de contacto diferente.


Si existen sistemas capaces de medirlos, podemos empezar a responder preguntas sencillas pero útiles:


¿Qué información se consulta más?

¿En qué momento ocurre la mayor actividad?

¿Qué botones reciben interacciones?

¿Qué puntos de contacto prácticamente no se utilizan?

¿Qué ocurre antes, durante y después del evento?


No hace falta convertir cada evento en un complejo proyecto de analítica.

En muchos casos, unas pocas señales bien interpretadas pueden aportar más valor que decenas de métricas sin una pregunta clara detrás.


Qué pueden aprender los negocios de eventos


Los datos no tienen que servir únicamente al organizador.

También pueden ayudar a los negocios que participan en la experiencia.


Por ejemplo, un proveedor podría empezar a entender si determinada información fue consultada, si una propuesta generó interacción o si ciertos puntos de contacto funcionan mejor que otros.


Esto puede ser especialmente relevante cuando un negocio participa repetidamente en eventos.


Una sola celebración puede ofrecer pocas señales.

Pero una serie de eventos puede empezar a mostrar patrones.


Algo similar ocurre cuando un negocio analiza la audiencia acumulada que puede generar su participación en múltiples eventos.


Del evento aislado al aprendizaje acumulado


Aquí aparece una idea más amplia.


Cada evento puede convertirse en una pequeña unidad de aprendizaje.

No porque todos deban compararse como si fueran idénticos, sino porque pueden generar información que, con el tiempo, ayude a observar comportamientos recurrentes.


Qué contenidos funcionan.

Qué momentos generan más actividad.

Qué tipo de información necesita la audiencia.

Qué puntos de contacto merecen mantenerse, modificarse o eliminarse.


La verdadera utilidad de los datos empieza cuando ayudan a tomar mejores decisiones.


Los datos de un evento también necesitan contexto


Una cifra sin contexto puede ser engañosa.


Cien visualizaciones pueden parecer muchas o pocas dependiendo del número de invitados, del tipo de evento, del periodo observado y de qué exactamente se esté midiendo.


Lo mismo ocurre con clics, confirmaciones o cualquier otra interacción.

Por eso, antes de interpretar una métrica conviene preguntarse:


¿Qué representa exactamente este dato?

¿Cómo fue obtenido?

¿Qué periodo contempla?

¿Qué acciones no está midiendo?

¿Estamos observando personas únicas o simplemente interacciones acumuladas?


Estas preguntas evitan convertir una métrica en una conclusión que el dato realmente no puede sostener.


De eventos que suceden a eventos que también pueden analizarse


La digitalización de los eventos no significa únicamente sustituir herramientas físicas por digitales.


También puede introducir una nueva capacidad: observar una parte de lo que ocurre alrededor de la experiencia.


Eso puede ayudar a entender mejor asistencia, interacción, atención y comportamiento dentro de determinados puntos de contacto.


Todavía existen muchas interacciones que no pueden medirse y muchas otras que no deberían interpretarse sin contexto.


Pero la dirección es relevante.


A medida que los eventos incorporan una mayor capa digital, también aumenta la posibilidad de pasar de simplemente saber que algo ocurrió a entender mejor cómo ocurrió, cuándo ocurrió y qué señales dejó detrás.

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